El gran maestro Iván Bravo es oriundo de La Cruz Nariño, un pueblo situado al suroeste de Colombia.
Allí, él inició sus estudios siempre destacándose en el ámbito artístico. Desde muy joven plasmaba su originalidad y el arraigo cultural en sus obras. En la ciudad de Pasto, realiza sus estudios en artes plásticas, graduándose como licenciado de la Universidad de Nariño y posteriormente como especialista en pedagogía de la creatividad.
Posteriormente viaja a Faenza, Italia, en donde se convierte en especialista en Gres-Porcelana en el Istituto Statale D’arte per la Cerámica. A lo largo de su vida profesional se ha desempeñado en la esfera académica, sin dejar atrás su amor por el arte a través de sus magníficas pinturas y a la fecha sus obras se encuentran tanto en territorio colombiano como europeo.
“Los cuadros del Maestro Iván Bravo que tenemos ante nosotros, son un aquelarre de sílabas pictóricas, en donde lo simbólico y lo teórico son la expresión de una herencia ancestral, arraigada muy hondo en la subconciencia de su autor, desde hace 11 años, convertido en “pintor alfarero”, pintor de tierra, de arcilla y de historia.
Desde sus cuadros, recupera para la cerámica precolombina espacios ya perdidos, cuyo misterio seguirá siempre indescifrable y desde allí nos invita a encontrar el pasado recuerdos que dinamicen el presente y den luz y sentido al porvenir.
Su culto al pasado es ante todo un culto al hombre. Hoy y siempre, aquí o allá, encaramado en la roca de su destino, el hombre grita y su grito es un canto; el hombre sueña y su sueño es una madriguera de futuros; el hombre camina y su caminar es una sucesión de huellas que tejen un camino que es de retorno a las raíces; el hombre ama y en su amor enreda sus sueños y sus pasos en una malla de luces y de sombras, de colores, de tejidos, formando el claroscuro de su movimiento interior, que es la historia.
Iván los coloca en el umbral del encantamiento, en donde el sueño y la realidad, la tierra y la arcilla, el presente y el pasado, el hombre y su historia se entrelazan de modo que, en tal legítimo inquirir, la trascendencia científica del descubrimiento, como dejar que el universo secreto del pasado donde se inscribe este presente y asegura nuestro destino, penetre y altere nuestra propia interioridad y multiplique, más allá de los preámbulos intelectuales, la gota de la magia que aún nos pertenece.
El maestro Iván Bravo apela a las profundidades del ser, desde la vasija de barro, como el vientre de la madre ancestral de donde venimos todos, es a todas luces evidente. También es evidente que nada puedo yo decir que se parezca siquiera remotamente a la obra de Iván.
Nada más he tratado de tantear en la obscuridad buscando el fondo de la vasija ancestral donde están nuestras raíces. Con sobrada razón decía Octavio Paz: “Adentrarse en el texto – y el cuadro lo es-, es penetrar en la maleza y correr el riesgo de perderse en ella””.
Dra. Clara Luz Zúñiga Ortega.